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La reina Goswintha




Nació en Toledo en el seno de una familia visigoda, sobre el año 530. Perteneció a una de las estirpes más influyentes en la política de aquellos años: Los Baltha, llamados popularmente baltos o baltingas.  Tuvo una educación de influencia romana, poseyendo por ello grandes dotes de oratoria que la llevaron a brillar con luz propia en la sociedad y la política del reino hispano.
Fue durante su matrimonio con el magnate godo Atanagildo cuando Goswintha comienza a diseñar su arrolladora personalidad política. Cuando el rey de aquel  momento, Teudiselo, es asesinado, Atanagildo pretende el trono creándose un conflicto con el bando de Agila que fue finalmente el triunfador. Desde ese momento comenzó a perfilarse en la sombra la figura de Goswintha, urdiendo estrategias y conspiraciones, ayudada no solo por sus dotes de oratoria sino también por su belleza.
Influenciado por ella, Atanagildo se rebela contra el rey Agila, provocando una guerra civil. Atanagildo pide ayuda a los bizantinos y consigue tras el asesinato de Agila el deseado trono. Mientras duró la guerra, Goswintha dirige desde Híspalis la política exterior rebelde y es ella quien consigue las alianzas necesarias.
Atanagildo y Goswintha tuvieron dos hijas que casaron con los reyes francos de Austrasia y Neustria, para sellar alianzas que trajeran la paz y permitieran al reino hispano afianzar su posición en el Mediterráneo.
Tras enviudar de su primer marido, la reina casa en segundas nupcias con el rey del momento, Leovigildo, el rey reformador, al que ayuda a conseguir el trono tras la sospechosa muerte de su hermano Liuva I.
La reina acuerda la boda de su nieta Ingundis de Austrasia con Hermenegildo, el hijo mayor de su segundo marido, para continuar influyendo a través de la princesa en la política del reino. Goswintha era entonces la depositaria del tesoro regio, así lo dejó dispuesto su primer marido el rey Atanagildo, y eso le confirió un gran poder, puesto que agradar a la reina era el único modo de disfrutar el inmenso caudal proveniente de los saqueos y los expolios de años y años de luchas.

El rey Leovigildo, el primer nacionalista de la historia de Hispania, pretende transformar el reino empobrecido y atrasado y reformar la política para situar a la nación en el contexto de las grandes naciones del momento. Para ello el rey se apoya en algunos nobles hispanorromanos y promulga el Codex Revisus rectificando varias disposiciones del Codigo de Eurico por el que se regía hasta entonces  la vida del reino. También pretende el rey transformar la monarquía en sucesoria para evitar así el asesinato de reyes y las encarnizadas y sangrientas luchas de poder. Todo esto es contrario a los intereses de la reina y su poderosa factio baltinga que declaran la guerra frontal a los católicos y urden un complot para obstaculizar las reformas.
Goswintha, tras el asesinato de su hija la reina de Neustria a manos de la  concubina de su esposo el rey Chilperic I y con el consentimiento de este naturalmente, trata de convertir a su nieta católica Ingundis de Austrasia, al arrianismo. Un día se entabla entre ambas una fuerte discusión, a propósito de la conversión, que desemboca en una terrible paliza a la princesa, que queda inconsciente y medio muerta. Leovigildo decide enviar al príncipe Hermenegildo y a su esposa Ingundis a Hispalis para que se restablezca la paz en la familia y cese el acoso de la reina a su nieta católica. Allí les recibe el obispo Leandro, fanático católico, enemigo acérrimo de Goswintha que presiona  al príncipe con la ayuda de su esposa hasta lograr su conversión y en consecuencia su rebelión contra el rey arriano de Hispania, contra el rey Leovigildo.

El reino hispano se ve envuelto a la misma vez en una guerra en la Septimania contra Gontram el rey de Borgoña y contra el dux de Aquitania, aliado con el anterior. El príncipe Recaredo, hijo menor de Leovigildo parte hacia allí con un gran ejercito y tras varios meses de lucha enconada y terrible, vence a los invasores. Mientras, el rey lleva a cabo otra de sus incursiones contra los vascones a los que trata de someter o por lo menos frenar en su expansión, manteniéndolos dentro de sus límites históricos.
Nadie envía un ejército contra la Bética donde Hermenegildo se ha convertido y se ha autoproclamado rey en solitario. El rey de Toledo le reconviene gravemente y le ordena rectificar y ante su negativa le revoca el mando militar y le retira la asignación económica. Hermenegildo hace caso omiso y todo continúa igual. De alguna parte llegan a Híspalis dineros para el sostenimiento de la corte. Alguien financia al príncipe. Tal vez la iglesia católica o quizá el reino de Austrasia, patria de Ingundis.
Casi un año después de la rebelión del príncipe, Leovigildo y Recaredo marchan con sus ejércitos sobre la Bética. Emérita Augusta sufre un asedio de un año y en Híspalis faltan alimentos y sobre todo agua porque el rey ha mandado desviar el curso del rio Betis. Leovigildo ofrece varias veces a su hijo la libertad a cambio de la rendición, pero el príncipe es un rehén en manos de la conjura que orquestó Goswintha desde el principio; desde que propinó sin ningún motivo para ello la terrible paliza a su nieta, obligando al rey a enviarlos a Híspalis donde la reina sabía que su enemigo Leandro haría su trabajo tratando de convertir a Hermenegildo. También supo utilizar en su provecho el descontento de las tribus visigodas contra el rey, que andaba tratando de retirarles potestades por completo, alzándose como monarca absoluto y gobernando en nombre de Dios, dando origen con ello a una dinastía. Mezcló los ingredientes y la masa fermentó hasta estallar.
La guerra civil fue solamente de godos contra godos, ya que los católicos se mantuvieron en su gran mayoría al margen del conflicto. Ingundis y su hijo fueron sacados de Híspalis por los bizantinos a petición de Leovigildo y llevados a la capital del imperio. Ingundis fallece durante el viaje se cree que en Sicilia. El pequeño Atanagildo llega a Bizancio y allí se pierde su rastro. Goswintha había enviado sicarios tras ellos no se sabe ciertamente con qué intención, aunque se puede suponer.

Hermenegildo perdió la contienda como era de esperar siendo detenido y desterrado a Valencia. Más tarde fue llevado a Tarragona donde muere asesinado en prisión por orden de la reina. Cuando Recaredo sube al trono, poco tiempo después, convoca un concilio en Toledo y se convierte al catolicismo. Su padre se lo había aconsejado antes de morir como modo eficaz de lograr la deseada unidad nacional. Goswintha urde un complot para envenenarle pero el rey y su gente lo descubren y la reina es encarcelada y ejecutada.
Así termina la vida de la más enigmática y la más influyente y la más seductora y la más ambiciosa de las reinas visigodas.



Biblo: Mujeres en la Historia: Sandra Ferrer.
          La reina de Toledo: Mª Jose Mallo.

Adosinda reina de Asturias



Dicen que era, por parte de madre, nieta de Pelayo el primer rey de Asturias. Aquel de la mítica batalla de Covadonga.
Pelayo casó con Gaudiosa. Tuvieron varios hijos, no se sabe cuántos ni sus nombres. Citaremos los tres conocidos: Freiluba, Favila y Ermesinda, madre de Adosinda.

Por parte de padre, su abuelo fue Pedro, duque de Cantabria y primo de Pelayo. Desconocemos con quien casó. Tuvo dos hijos del matrimonio Alfonso y Fruela.
Alfonso caso con Emersinda y es por tanto, que sepamos, el padre de Adosinda, Fruela y Vimarano, ( éste asesinado por su hermano Fruela ), y de otro nacido de una relación con Sisalda, una esclava musulmana: Mauregato, quien como la mayoría de los hijos bastardos de reyes, jugará un papel importante más adelante.

Situado el linaje, vamos a ver cómo llegó a reina.

A Pelayo ( 718-737 ) le sucede su hijo Favila, ( 737-739 ) que, como vemos reinó sólo dos años. Murió, según dicen, despedazado por un oso.
La monarquía fue electiva en el antiguo reino de Asturias hasta comienzos del siglo XI, siguiendo el ejemplo de la monarquía visigoda que no había tenido tiempo de asentar el principio de monarquía hereditaria. Durante el periodo electivo nunca fue elegida una mujer. Más adelante ya fue posible la sucesión femenina e incluso la regencia por minoría de edad.
Muerto Favila le sucede el marido de su hermana Emersinda, primo y yerno de Pelayo. Fue Alfonso I el Católico ( 739-757). Luchó sin descanso contra los musulmanes.
A su muerte le sucede su hijo Fruela ( 757- 768 ) quien caso con Munia, prisionera de los vascones e hija del galo Eudo. Son los padres de Alfonso II, de Aurelio y de Jimena, madre de Bernardo del Carpio, el de la canción de Roldán.
Cuando muere asesinado Fruela, Adosinda temiendo por la vida de su sobrino Alfonso, lo envía al monasterio de San Julián de Samos en Lugo, para darle protección y formación cultural.

A Fruela, le sucede Aurelio ( 768-774 ). Se sabe que vivió en paz con los musulmanes. Protegió a Adosinda a quien mantuvo en la corte.
Muerto Aurelio, le sucede Silo (774-783 ), marido de Adosinda, con quien se había casado por amor, cosa rara en aquel tiempo.
 El trono le correspondía a ella por linaje, pero el Consejo eligió su marido y el linaje cambió.

Silo era hijo de Fruela el hermano de Alfonso I, por lo que los esposos eran primos.
El nuevo rey trasladó la corte desde Cangas de Onis, a Pravia la antigua Flavium Avia de los romanos.
La situación estratégica y defensiva de Pravia era mucho mejor, ya que era un centro de comunicaciones de las antiguas vías romanas. Por ella pasaba La Mesa que conducía a Astúrica ( Astorga) y posibilitaba una buena comunicación con el resto de los territorios.
Silo mantuvo la paz con los musulmanes, pero tuvo que luchar contra los gallegos.
Por Silo esta firmado el primer documento que se conserva de esa época.
El matrimonio no tuvo hijos varones.
A la muerte de Silo, la reina Adosinda lucha para hacer rey a su sobrino Alfonso, el hijo de Fruela, lo cual intenta lograr con mucho empeño y la ayuda de los nobles. Pero la mayoría se resisten, temiendo represalias de éste por la muerte de su padre.
Aprovecha la circunstancia su hermanastro Mauregato, quien pactando con el emir Abderramán, al que promete pagar cada año un tributo de cien doncellas, ¿leyenda?, cincuenta nobles y cincuenta plebeyas, se hace con el trono. Destierra a Alfonso a Álava, donde tuvo que huir a uña de caballo, y obliga a Adosinda a ingresar en un convento, concretamente en Santianes de Pravia, en el que profesa el 26 de noviembre de 785 y en el que residió, hasta su muerte, con su hija Maria y sus damas.



Como se ve, la reina Adosinda vivó en una época muy difícil sobre todo para las mujeres, relegadas a consortes o a monjas.

No llegó a ver en el trono a su sobrino Alfonso quien reinó como Alfonso II el Casto y trasladó la Corte a Oviedo. Con él se extingue esta rama de la dinastía .


Piedra laberintica del rey Silo. La original era una piedra con unas dimensiones de 52,96 cm. de largo por 42,15 de ancho y un espesor de 12 cm formada por 19 columnas y 15 filas, con 285 letras talladas en capital romana formando la frase «SILO PRINCEPS FECIT» partiendo de la S central (La combinación de las letras de columnas y filas dan un resultado total de 45.760 repeticiones de la frase).

La piedra actual está situada sobre el dintel de la puerta de entrada de Santianes en el mismo lugar que la original, de la que se conserva un trozo.

Biblio: Sierra y Méndez  Gonzalo

Doña Velasquita Giráldez (la Balesquida)



Vecina de Oviedo, conocida popularmente como doña Balesquida. Era hija de Giraldo Pérez, descendiente de los francos atraídos a la capital de Asturias por las peregrinaciones medievales a  Oviedo donde se veneraban las reliquias custodiadas en la Catedral, de las que se derivó una gran actividad socio-económica, acrecentada  también por el culto Jacobeo.
Doña Velasquita es popular por la cuantiosa donación que hizo a la Cofradía de alfayates (sastres) y a los vecinos de Oviedo: un hospital próximo a una de las torres de la fortaleza de Alfonso III.
Su nombre figura en la diplomática medieval  ovetense, en la que aparecen nombres francos-entre 1212 y 1234- con frecuencia. Mientras que Velasco y su diminutivo-ita- son de origen mediteráneo, o sea hispánicos- el apellido Giráldez es un patronímico de Giraldo, derivado del francés Girard.
El nombre de Velasquita fue evolucionando en los siglos posteriores hasta dar con el actual de Balesquida, que denomina la cofradía de sastres y su capilla-capilla de la Balesquida- mas la fiesta popular con la que Oviedo saluda a la primavera: Martes de campo o martes del bollu preñao.

Martes de campo en Oviedo
Velasquita Giráldez aparece vinculada a varias escrituras se compraventa de casas y tierras en la capital del Principado. En un documento datado en 1217 se dice que era hermana de Pedro y María Giráldez con los que compartía bienes heredados de su padre en Ceares, cerca de Gijón. Esta misma escritura refiere que su hermano compró la parte de María. En una escritura de compraventa de 1232, se menciona una casa en la que pudo haber residido Velasquita.
Es muy probable que hubieran existido dos Velasquitas Giráldez, probablemente tía y sobrina. De ser cierta esta suposición, la Velasquita benefactora de los sastres sería la de más edad. Esto es así  porque la más joven figura casada con Fernando Gonzaluiz en una escritura fechada en 1234, mientras que en el epitafio de la sepultura de Velasquita en la iglesia de San Tirso, señala 1232 como fecha de la muerte. Además el primer documento a su nombre es de 1212, por lo que en esa fecha debía tener ya edad para contratar, de tal modo que si cuando realizó la donación a la cofradía de las alfayates en 1232, hubiese seguido soltera, como reza el documento,  no parece probable que contrajese matrimonio a una edad tan avanzada para la época.

Biblo: Juan Uría Riu: Giraldez, Velasquita en la Gran Enciclopedia Asturiana. Tomo 7, páginas: 271

Toda de Pamplona



 Toda Aznar ( 2 de enero de 876-15 de octubre de 958), fue reina de Pamplona por su matrimonio con Sancho Garcés I. Era hija del conde Aznar Sánchez de Larraún, quien casó con su prima hermana Onneca o Iñiga  Fortúnez. Fue probablemente la mujer más importante de la alta Edad Media española, con una sólida formación cultural.
La reina Toda era tía carnal de Abderramán III debido a que su madre la princesa navarra Iñiga, nieta del rey García de Navarra, formó pareja con el emir Abd  Allah tomando el nombre de Durr (Perla). De esta unión nacieron dos hijos. Uno de estos Muhammad tuvo con Muzna, también cristiana, al que sería el gran califa Abderramán III. ( El califa Abderramán y su padre Muhammad, eran rubios y de ojos azules como sus madres vasconas.)
La princesa Iñiga o Durr regresó a Navarra y se casó con Aznar Sánchez con el que tuvo a Toda.
Cuando en 934  El califa Abderramán dirigía una aceifa (razzia) contra el reino de Pamplona, la reina Toda invoca los lazos de parentesco para que el califa se alejara de su reino y reconociera como rey a su hijo García Sánchez. El encuentro se produce en Calahorra. El califa la recibe con grandes honores. La reina cristiana le rinde vasallaje y sella con él un tratado de no agresión. El califa cordobés inviste al hijo de Toda rey de Pamplona y sus distritos con el nombre de García Sánchez I, el Vascón. Después del tratado las tropas musulmanas atraviesan el reino de Pamplona y asolan Álava y Castilla.
Sancho I Garcés de Pamplona
Toda y Sancho Garcés tuvieron siete hijos:
·         Urraca de Pamplona, casada con Ramiro II de León
·         Oneca de Pamplona, casada con Alfonso IV de León
·         Sancha de Pamplona, casa en primeras nupcias con Ordoño II de León, en segundas con el conde alavés Alvaro Herrameliz y en terceras entre 931 y 935 con Fernán González, conde de Castilla.
·         Garcia, rey de Pamplona, casado con Andregoto Galíndez y con Teresa Ramirez.
·         Velasquita Sánchez, casada en primeras nupcias con el conde Munio Vélaz, en segundas con Galindo de Ribagorza y en terceras con Fortún Galindez.
·         Munia o Muña de Pamplona?
·         Orbita de Pamplona, probablemente casada con Al-Tawil, gobernador de Huesca. Apodada “la huérfana” pudo ser hija póstuma del rey.
Cuando fallece el rey, su marido, en 925, Toda continua al frente de la política de Navarra, como regente, al contar su hijo García solamente seis años de  edad. No obstante al alcanzar su hijo la mayoría de edad, la reina sigue interviniendo en los asuntos de estado en los que demostró un gran talento político. Los matrimonios de sus hijas con reyes de León, Castilla y Pamplona le permitieron ser la auténtica organizadora de la política cristiana de la época.
A la derecha sepulcro de las reinas Toda, Ximena
y Elvira. A la izquierda las tumbas de los siete infan-
tes de Lara.
Su sobrino Abderramán la ayudo en más de una ocasión, incluso permitió que su médico personal curara al rey de León, Sancho el Craso, al que repuso en su trono del que había sido desposeído por no ser del agrado de los nobles leoneses y castellanos, que habían nombrado rey a Ordoño IV.
La imagen de la reina Toda fue durante mucho tiempo olvidada por la Historia, ya que solamente se hablaba de su marido, pero ha sido rescatada y ha atraído la atención de muchos historiadores y novelistas.

Su sepulcro, muy sencillo, está en el atrio del monasterio de Suso, que entonces pertenecía a Navarra, junto con el de otras dos reinas: Ximena y Elvira. Su actuación política, diplomática y familiar fue tan destacable que puede compararse con la de otras reinas posteriores como Ermesenda de Barcelona o Urraca de  León, la madre de Fernando III el Santo.
Inscripción sepulcro reina Toda
Biblo: “Moras y cristianas” de  Ángeles de Irisarri y Magdalena Lasala.
            “El viaje de la reina” de Ángeles de Irisarri.

Santa Isabel de Portugal






Hija de Pedro III de Aragón y de Constanza de Sicilia, nació en Zaragoza en 1274, falleciendo en Portugal en 1336. La infanta se llamó Isabel en honor a su tía-abuela Isabel de Hungría.
Mujer muy devota desde la niñez, se casó el 24 de junio de1282, con apenas ocho años, con el rey Dionisio de Portugal, el Labrador, hombre violento e infiel. De este matrimonio nacieron dos hijos:
·        Constanza (1290-1313), esposa de Fernando IV de Castilla y madre y regente de Alfonso XI.
·        Alfonso, (1291-1357), futuro Alfonso IV, el Bravo,  de Portugal.
El rey Dionisio tuvo siete hijos mas con diferentes mujeres. Uno de estos, Alfonso Sánches, reclamó favores reales y trató de disputar el trono a su hermano el heredero legítimo Alfonso.
La reina Isabel dedicaba parte de su tiempo libre a atender a los enfermos, viejos y mendigos. Ordenó construir hospitales, escuelas gratuitas y hogares para niños huérfanos.  Al mismo tiempo el rey Dionisio continuaba con las políticas de su padre Alfonso III, en los temas de legislación y centralización del poder. Tal vez influido por la reina, promulgó el núcleo de la legislación civil y criminal portuguesa, protegiendo a las clases bajas de los abusos y la extorsión de la nobleza. Viajó por todo el país resolviendo problemas y remediando injusticias. Los reyes trabajaron juntos para mejorar la vida de los mas desfavorecidos. El rey Dioniso a pesar de su poca moral católica admiraba  a su esposa y le permitía ejercer su vida cristiana de forma libre hasta el punto de que la reina distribuía entre los mas pobres las monedas del Tesoro Real, siguiendo los pasos de su antepasada Isabel de Hungría.
La reina santa medió entre su esposo y su hijo Alfonso que había intentado sublevarse contra su padre. Isabel se trasladó al campo de batalla, se colocó entre ambos y logró que la disputa finalizara. Lo mismo ocurrió entre Fernando de Castilla, su yerno y el infante Alfonso de la Cerda. Isabel consiguió que cesaran las hostilidades. También medió entre su hermano Jaime II de Aragón y el rey castellano, con feliz desenlace.
Enviuda la reina en 1325. Poco después inicia una peregrinación a Santiago de Compostela y a su regreso renuncia a la Corte e ingresa en las Clarisas, en el convento de Santa Clara a Velha, en Coimbra que ella misma había fundado. No toma los votos, para poder mantener la administración de su fortuna, que dedicó integra a obras de caridad.
Ya retirada tiene que volver a mediar entre su hijo Alfonso y su nieto Alfonso XI de Castilla. La reina viajó hasta el campo de batalla para poner una vez mas, paz entre las dos familias. A  su regreso se sintió indispuesta, falleciendo en Estremoz el 4 de julio de 1336. Sus restos fueron sepultados en el convento de Santa Clara a Velha de Coimbra, pero al resultar éste anegado por las aguas del rio Mondego, fueron trasladados al convento de Santa Clara a Nova.
Tras su muerte se dice que se produjeron milagros. Fue beatificada en 1526 y canonizada por el papa Urbano VIII en 1625. Su festividad fue introducida en el santoral católico, celebrándose el cuatro de julio, día de  su muerte.

En 2009 se publicó La rosa de Coimbra ( Memorias da Rainha Santa), de la escritora Pilar Queralt del Hierro, biografía novelada de este personaje.

Tumba de la reina santa en Santa Clara ( Coimbra)

Biblo: Onieva, J. Antonio: Santa Isabel de Portugal. Mujeres españolas.

Inés de Castro, reina póstuma de Portugal


Asesinato de doña Inés
 Nació en la comarca de A Limia, Galicia en 1325 y falleció en Coimbra el 7 de enero de1355. Perteneció a la nobleza gallega por ser hija natural de Pedro Fernández de Castro “ el de la guerra” primer señor de Monforte de Lemos, precursor de la saga del Condado de Lemos, y de Aldonza Soares de Valladares, descendiente de Alfonso VI, el Bravo. Fue medio hermana  de Fernán Ruiz de Castro III, conde de Lemos y de Juana de Castro, la Desamada y hermana de Alvar Pérez de Castro, el Viejo.
En la vida de Inés de Castro se entremezclan la leyenda y la historia real, que todas las investigaciones de la escuela moderna no han podido desligar aun. Parecer ser que la niña fue educada en Galicia en el palacio de don Juan Manuel duque de Peñafiel y marqués de Villena, compartiendo juegos, educación y mas tarde marido con su prima Constanza, la cual decidió al fin, tras varias negativas, casarse con Pedro infante de Portugal, que sería con el tiempo Pedro I.
Cuando esto sucede ( 1340)  las dos jóvenes abandonan la corte de Peñafiel rumbo a Coimbra. Inés acompaña a Constanza en calidad de dama parente y en el instante mismo de su llegada a la corte de Alfonso IV, el Bravo, despierta una viva pasión en don Pedro, el infante heredero, que no obstante se desposa con Constanza.
Inés y Pedro se convierten en amantes. Teniendo en cuenta que el infante está casado, Inés podría tomar el titulo de prostituta real, pero la dama gallega era de muy noble estirpe para tal “honor”. Lo cierto es que los amores de Inés y Pedro excitan los celos de doña Constanza que sufre continuos arrebatos y fallece al dar a luz al futuro heredero Fernando el 13 de noviembre de 1345. Una vez viudo el infante su relación con Inés toma un carácter muy distinto al que había tenido en vida de doña Constanza.
Inés y Pedro tuvieron varios hijos:
·        Alfonso (1346), muerto al poco de nacer.
·        Beatriz (1347-1381), casada con el infante Sancho de Castilla, hijo de Alfonso XI y conde de Alburquerque y Haro.
·        Juan (1347-1381), duque de Valencia de Campos.
·        Dionisio (1354-1397), infante de Portugal y señor de Cifuentes.

Varios años después de la muerte de Constanza Pedro se casa con Inés ante el obispo de Guarda, en presencia de algunos servidores; pero no se pudo presentar jamás ningún documento que lo probara, ni ninguno que avalara los derechos adquiridos por la nueva esposa y sus hijos y ninguno de los testigos, ni siquiera el mismo príncipe, cuando llegó a ocupar el trono, pudo asignar una fecha precisa de aquel matrimonio clandestino que debía dar una nueva reina  Portugal.
En 1355, Alfonso IV había trasladado su corte a Montemor o Velho, cuando varios magnates influyentes, enemigos de la familia Fernández de Castro, persuadieron al rey de la conveniencia de frenar las pretensiones de aquella familia poderosa, que era temida tanto en Castilla como en Portugal y para ello el método mas eficaz era asesinar a Inés y evitar así que subiera al trono lusitano. Los principales instigadores fueron: Alonso Gonçálvez, Pedro Coelho y Diego López Pacheco. El rey dudó puesto que consideraba una acción cruel matar a una mujer inocente de toda culpa. No obstante, aprovechó un día en el que el infante había organizado una cacería para dirigirse al Monasterio de Santa Clara próximo a la Quinta das Lágrimas donde vivía doña Inés con sus hijos. Esta conocedora de las intenciones del rey salió a recibirle con sus hijos y logró conmoverle de modo que el rey se dio la vuelta incapaz de cometer el asesinato, pero  Gonçálvez, Coelho y Pacheco le suplicaron permiso para matar a Inés ellos mismos. El rey debió otorgarlo y los tres caballeros irrumpieron en su casa y  la mataron a puñaladas.
El dolor de don Pedro fue tan terrible como su venganza. Aquí debe decirse que esta parte de la biografía de doña Inés de Castro pertenece a la leyenda, admitida por la tradición, pero nunca probada por la historia.
Don Pedro subió al trono y mandó exhumar el cadáver de Inés; la sentó en el trono haciéndola coronar y obligando a la corte a reconocerla como reina y a rendirle los honores debidos. El cronista Fernando López nada menciona de esta exhumación y otros historiadores admiten que pudo ser la imagen de la reina pero nunca su cadáver.
Lo que se sabe con  certeza es que los instigadores  de la muerte de la reina expiaron de un modo terrible su culpa: A Gonçálvez se le abrió el pecho y se le arrancó el corazón, a Coelho se le extrajo por la espalda y Pacheco logró escapar a Francia donde se le pierde el rastro.
Don Pedro I de Portugal organizó a su reina unos suntuosos funerales; su cuerpo fue depositado en una tumba de mármol blanco, con una efigie coronada que Pedro había hecho preparar de antemano, cerca de la cual hizo erigir su propia sepultura. Dispuso el rey que los catafalcos se tocaran los pies; quería que el día de la resurrección la primera imagen que contemplara fuera la de su adorada Inés.
La descendencia de Inés de Castro no ascendió directamente al trono, pero contrajo alianzas con todas las casas reinantes de Europa. De su hija Beatriz, en especial, se desprendió una gran descendencia materno-lineal, con unos soberanos que serían famosos llegando hasta Maximiliano de Habsburgo y Juana la Beltraneja.
Camöes narró su muerte en Os Lusiadas




Biblo: Ferreira Antonio: O Tragedia de Inés de Castro
Vélez de Guevara, Luis: Reinar después de morir.

Sancho IV de Castilla



Apodado el Bravo, fue hijo de Alfonso X de Castilla, el Sabio y de la reina Violante de Aragón. Nació en Toledo un 25 de abril de 1258.
Su llegada al trono estuvo motivada, en parte, por el rechazo de un sector de la nobleza castellana a la política de su padre Alfonso X y a su admiración por la cultura árabe y judía.
El heredero al trono, Fernando de la Cerda, falleció en Ciudad Real, cuando se disponía a detener una invasión árabe en Andalucía. De acuerdo al derecho consuetudinario castellano, en caso de muerte del primogénito, los derechos recaerían en el segundogénito, Sancho en este caso. Sin embargo, el Derecho Romano Privado introducido por el rey sabio en el Código de las Siete Partidas, establecía que la sucesión pasara a los hijos de Fernando de la Cerda.
El rey Alfonso se inclina, en principio, por satisfacer las pretensiones de don Sancho, que se había distinguido en la reciente guerra contra los invasores islámicos ocupando el sitio de su hermano muerto; pero fue presionado por su esposa la reina Violante y por Felipe III de Francia, tío de los llamados infantes de La Cerda-hijos de don Fernando-y se vio obligado a compensar a éstos, creando un Reino en Jaén para el mayor de los infantes.
Sancho y buena parte de la nobleza del reino se rebelan, llegando a desposeer a Alfonso X de sus poderes aunque no de su título de rey. Solamente Sevilla, Murcia y Badajoz permanecen fieles al monarca. Alfonso maldice a su hijo a quien deshereda y ayudado por quienes fueran sus enemigos, los benimerines[1], comienza una lucha para recuperar su posición. Cuando casi todos los nobles y las ciudades rebeldes abandonaban la facción de Sancho, fallece en Sevilla el rey sabio el cuatro de abril de 1284.
 Sancho se alza como rey, sin respetar la voluntad de su padre, haciéndose coronar en Toledo el treinta de abril de 1284.  Un grupo muy numeroso de partidarios de los infantes de La Cerda reclama el acatamiento del testamento real, siendo apoyados por el rey Alfonso III de Aragón, quien proclama rey a su  sobrino Alfonso de la Cerda en Jaca en 1288 y dirige una breve campaña contra Castilla (1289-1290).
Durante todo el reinado de Sancho IV persisten las luchas internas y las escaramuzas destinadas a hacerse con el poder. Uno de los personajes mas belicosos fue el infante don Juan, hijo de Alfonso X. A su causa se unió el noble don Lope Díaz III de Haro, señor de Vizcaya. El rey Sancho le hizo ejecutar a la vez que ordena matar a su hermano el infante don Juan. Cuentan las crónicas que dio orden de ejecutar a cuatro mil  partidarios de los infantes de La Cerda, pasándolos a cuchillo en la ciudad de Badajoz, a cuatro mil mas en Talavera y a otros muchos en Ávila y Toledo. Mas adelante perdona a su hermano don Juan, quien al poco vuelve a sublevarse ocasionando el conflicto de Tarifa, con la ayuda de los benimerines de Marruecos. Estos sitian la plaza de Tarifa que estaba defendida por Guzmán el Bueno, señor de León. Allí tuvo lugar el famoso acto heroico y la muerte del hijo de Guzmán[2].
La plaza de Tarifa fue bien defendida desbaratando los planes del infante don Juan y del sultán de Marruecos, que planeaba una invasión.


Cuando subió al trono Jaime II de Aragón, tuvo un acercamiento con Sancho IV plasmado en el tratado de Monteagudo[3].

Sancho IV contrajo matrimonio en el año 1281 con su tía María de Molina, hija del infante don Alfonso de Molina y nieta de Alfonso IX de León. De esta unión nacieron siete hijos:
  • Isabel de Castilla y Molina(1283-1328), reina consorte de Aragón.
  • Fernando IV de Castilla (1285-1312).
  • Alfonso de Castilla y Molina (1286-1291).
  • Enrique de Castilla y Molina (1288-1299).
  • Pedro de Castilla y Molina (1290-1319). Señor de Cameros.
  • Felipe de Castilla y Molina (1292-1327). Señor de Cabrera y Ribera y Pertiguero Mayor de Santiago[4].
  • Beatriz de Castilla y Molina(1293-1327). Reina consorte de Portugal por su matrimonio con Alfonso IV de Portugal.

Su matrimonio con María de Molina fue declarado nulo y por tanto sus hijos ilegitimos, puesto que los contrayentes eran parientes en tercer grado y no contaban con dispensa pontificia. Además  el entonces infante Sancho había contraído esponsales, nunca consumados, con una rica heredera catalana llamada Guillerma de Montcada. Se consideró que habían cometido incestas nupcias, excessus enormitas y publica infamia por lo cual fueron excomulgados.
De su relación con María de Meneses señora de Ucero y prima segunda de la reina María, nacieron dos hijas: Violante y Teresa Sánchez de Castilla.
De otra relación con una dama cuyo nombre se desconoce nació Alfonso Sánchez de Castilla.

Sancho IV fue tutor y un gran amigo, aparte de primo del infante don Juan Manuel, político y escritor, uno de los mejores representantes de la prosa medieval de ficción, sobre todo gracias a su obra mas conocida  El Conde Lucanor, conjunto de cuentos moralizantes.
Sancho IV fallece en 1295, dejando como heredero a su hijo Fernando de nueve años. El nuevo rey heredó también las disputas con los infantes de La Cerda y sus partidarios.

La época de Sancho IV fue tan activa como la de su padre en la composición de libros. Además de la publicación de Castigos y documentos del rey don Sancho colección de sentencias e historias para la educación del príncipe heredero, promueve la traducción de dos enciclopedias: El Libro del Tesoro de Brunetto Latini y el Lucidario, versión muy libre del Elucidarius de Honorio de Autun. También se elaboró entre 1284 y 1289, la denominada Versión Sanchina de la  Estoria de España de Alfonso X el Sabio.

Se cuenta esta anécdota de la vida del rey:
El 8 de junio de 1283, se hallaba el rey en Alfaro y discutió por cuestiones de castillos y mujeres con Lope Díaz III de Haro y con Juan Alfonso López de Haro I, señor de Cameros. Agriada en extremo la discusión, el rey ordena apresar a Lopez de Haro. Fue entones cuando…
…El conde se levantó mucho asina e dijo: ¿Presos? ¿Cómo? ¡A la merda! ¡Oh los míos! E metió mano a un cuchillo e dejose ir para la puerta donde estaba el rey, el cuchillo sacado e la mano alta…ballesteros e caballeros, leyendo que el conde iva contra el rey, firieron al conde e diéronle con una espada en la mano e cortáronsela e cayó luego la mano en tierra con el cuchillo; e luego diéronle con una maza en la cabeza que cayó en tierra muerto.
Crónica del reinado de Sancho IV el Bravo. Claudio Sánchez Albornoz.



[1] Los Benimerines fueron una tribu nómada del  norte de África que sustituyó a los almohades en España
[2] Durante el sitio de Tarifa, los sitiadores apresan al hijo de Guzmán y amenazan con matarle si no se rinden. Guzmán el Bueno lanzó un cuchillo para que mataran con el a su hijo.
[3] La Paz o Tratado de Monteagudo fue firmado en 1291 en la localidad, hoy soriana, de Monteagudo, entre la Corona de Aragón y el Reino de Castilla. En el se acuerda la boda de Jaime II de Aragón con Isabel de Castilla, hija de Sancho IV. La infanta fallece poco después de la boda, lo que provoca la ruptura de dicha alianza.
[4] El cargo de Pertiguero Mayor era desempeñado por miembros de la alta nobleza y tenía funciones militares, policiales y judiciales. Entre las funciones militares se contaban las de acaudillar las milicias episcopales y socorrer con las mesnadas propias al Arzobispo de Santiago y su territorio.